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Coordinado por Lola Huete Machado

La causa de los conflictos ya no es ideológica como en el pasado sino que se trata de contiendas privadas a efectos de depredar recursos económicos

Caricaturas de líderes mundiales, sobre un muro.PIXABAYMás información

Steve Biko, una vida por la liberación

Hace 100 años: Versalles, Alemania y África

Se cumplen 30 años de la caída del Muro de Berlín. El 9 de noviembre de 1989 fue una divisoria de aguas en la historia universal. Este hecho anunció el principio del fin de la Guerra Fría y del mundo bipolar hasta entonces conocido, con profundas transformaciones en todo el planeta. Poco más de dos años más tarde, el derrumbe de la Unión Soviética terminó consolidando el cambio a una nueva etapa. En todo el proceso y después, África atravesó muchos cambios.

Pérdida de importancia, por un tiempo

El derrumbe del bloque soviético implicó un cambio importante en las relaciones internacionales. Si África fue espacio de rivalidades y guerras “calientes” en el marco de la Guerra Fría, a partir de principios de la década de 1990 eso último concluyó.

La importancia geoestratégica africana decayó y con ello disminuyó el flujo de armamento mientras que la ayuda para el desarrollo se mantuvo en niveles bastante bajos. Se generó cierto olvido de parte de las grandes potencias. En el caso ruso, el abandono del continente fue total y Moscú comenzaría a recentrarse en éste años más tarde. En el caso de los Estados Unidos, Washington no se retiró pero la atención destinada al mismo fue considerablemente menor.

Lo positivo fue que, atento al desinterés geoestratégico mostrado por gran parte del mundo, los dirigentes africanos tuvieron más margen de maniobra que en el pasado. Al menos durante los primeros años luego del fin de la Guerra Fría, una élite africana pareció buscar soluciones locales a los problemas propios, sin injerencias externas, aunque a la larga terminaron mostrándose serviles frente a poderes foráneos. Lo cierto es que surgieron potencias regionales como Sudáfrica o Nigeria. En efecto, al día de hoy ambos países disputan la primacía económica africana.

Lo malo fue que la falta de atención internacional posibilitó desgracias como el colapso de Somalia (1991), que incluyó una fallida intervención estadounidense seguida por una rápida retirada, y el genocidio en Ruanda (1994), responsable del asesinato de, como mínimo, 800.000 personas masacradas en apenas 100 días frente a la pasividad de la comunidad internacional. La vecina Burundi también generó violencia preocupante y, en África occidental, Liberia y Sierra Leona vivieron la mayor parte de la década de 1990 en guerra civil. Como si no fuera poco, al finalizar los años noventa, la región de los Grandes Lagos se convirtió en un verdadero polvorín con el inicio de lo que se dio a conocer como “I Guerra Mundial africana”, responsable del mayor número de muertes en conflicto bélico desde el término de la II Guerra Mundial.

Los Estados colapsados son la mejor coartada para continuar depredando territorios inestables

Por último, algunas instituciones ingresaron a África en reemplazo del abandono de los grandes poderes, como organismos no gubernamentales, entre otros. En conclusión, aumentó la imagen proyectada sobre el continente de la urgencia permanente por ser salvado, de la necesidad incesante del asistencialismo occidental. 

Globalización, nuevos conflictos y democracia

África nunca se mantuvo aislada del mundo, pese a lo que hicieron creer los apologistas del colonialismo para imponerlo. Al contrario, el continente se integra perfectamente en el proceso de globalización porque siempre estuvo vinculado a regiones extra-africanas. Lo anterior abre puertas, pero también puede ser un arma de doble filo. Entonces, si bien sus países reciben cuantiosas inversiones y préstamos, lo que se observa en los últimos años es que África se ha convertido en un espacio de disputa por inagotables recursos allí presentes: petróleo, diamantes, oro, uranio, etc.

Desde el final de la Guerra Fría los conflictos tienen que ver con el aprovechamiento de las abundantes riquezas africanas. Es decir, la causa de los conflictos ya no es ideológica como en el pasado (comunismo versus capitalismo), sino que se trata de guerras privadas a efectos de depredar recursos económicos en determinadas zonas.

El factor común en estas guerras de rapiña es que la principal víctima es la población civil, que resulta masacrada o debe desplazarse

La I Guerra Mundial Africana (1998-2003) es un ejemplo de ello. Tras la liberación del antiguo Zaire, luego de años de dictadura del Mariscal Mobutu Sese Seko (1965-1997), que funcionó como un dique de contención del comunismo, una alianza local con apoyo militar de las vecinas Ruanda y Uganda, derrocó al gobernante e impuso un nuevo gobierno. Pero al cabo de unos meses esa coalición se rompió y sobrevino la invasión de suelo congoleño por parte de esos dos países. El motivo de ese quiebre fue la codicia por hacerse de los cuantiosos recursos mineros de la actual República Democrática del Congo. La guerra, iniciada en 1996 con el combate contra Mobutu, y las consecuencias que llegan al presente, son responsables de más de tres millones de muertes en el corazón de África central.

El factor común en estas guerras de rapiña es que la principal víctima es la población civil, que resulta masacrada o debe desplazarse. Otro aspecto importante es que los líderes africanos intervienen si hay recursos en juego que los pueden beneficiar e incluso lo hacen en perjuicio de sus gobernados y hasta con complicidad extranjera. Esos poderes externos son parte de redes que muestran la inserción de África en el escenario global, como fue siempre.

Estas guerras posibilitan un nuevo fenómeno político que es la irrupción de la estatalidad fallida. Los Estados colapsados son la mejor coartada para continuar depredando territorios inestables. Gran parte de los conflictos aquí mencionados, como el del antiguo Zaire, tuvo un sustrato basado en la disputa por valiosísimos recursos naturales. En otras oportunidades, la importancia de intervenir en un enfrentamiento sería justificada por el valor geoestratégico del territorio afectado (Somalia).

África es muy diversa (la mayoría de sus naciones vive en paz) y una buena noticia fue la democratización de buena parte del continente

De todos modos, África es muy diversa (la mayoría de sus naciones vive en paz) y una buena noticia fue la democratización de buena parte del continente. Previamente, la era comunista impuso en varios países regímenes de partido único alineados a Moscú que, a partir de la crisis y posterior colapso de la Unión Soviética, debieron reformarse y adoptar el multipartidismo. En consecuencia, durante los años noventa, países como Angola, Mozambique y Etiopía implantaron la democracia y la vuelta al libre mercado, no sin atravesar procesos de ajuste y reforma económica. Todo lo contrario sucedió en SomalIa que, sin apoyo norteamericano, en vez de establecer la democracia se hundió en los abismos.

Por otra parte, la retirada de las superpotencias alentó la finalización de la guerra civil mozambicana (1992), pues en ese conflicto, agrupaciones locales se enfrentaron amparadas por Washington o Moscú, junto a otros apoyos, como la Sudáfrica del apartheid. También en la otra gran excolonia portuguesa, Angola, se dieron cambios, como el retiro de la participación cubana, pese a que la guerra civil se extendió hasta 2002. En ambas contiendas el involucramiento estadounidense y ruso no fue directo sino que proveyó fondos y armamento.

En el antiguo Zaire, la caída de Mobutu implicó la llegada de la democracia, tensión que el dictador se resistió a aceptar dando pasos vacilantes hasta que se hizo tarde. Tampoco se pudo sostener el bastión racista sudafricano, que por décadas fue otro baluarte frente a la “amenaza roja”, resultando en las primeras elecciones democráticas de su historia en abril de 1994 y la llegada de Nelson Mandela al poder. Washington celebró la imposición democrática, mostrándose abanderada de valores llamados a triunfar sin la existencia del gigantesco rival comunista del pasado.

África vuelve a importar

“Vengan las adversidades que vengan, ¡ahora nada puede pararnos! Ante las dificultades, ¡África estará en paz! Por cuanto más improbable pueda sonar a los escépticos, ¡África prosperará!”. Partiendo del concepto de “renacimiento africano” así se lee al final del discurso Soy africano, de mayo de 1996, del entonces presidente sudafricano Thabo Mbeki, en vísperas de la aprobación de la Constitución nacional. Esa cita puede ir en alusión a la idea referida antes del control de las agendas por parte de los propios africanos. Sin embargo, a más de 20 años, esas palabras tal vez suenen hoy huecas pues los conflictos continúan en algunos puntos de África, es decir, las guerras depredatorias cuya modalidad no es novedad (Libia, República Democrática del Congo, República Centroafricana, Sudán del Sur).

África promete, es un manantial de recursos y su población aumenta a un ritmo sorprendente, augurando posibilidades para un mercado cada vez más grande. Mbeki concluyó el discurso de 1996 insistiendo: “¡Nada puede pararnos ahora!”. No obstante, el fin del mundo bipolar abrió el juego a la entrada de más competidores y hay una fuerte puja con la inclusión de países cuya injerencia en el continente es novedosa. Se trata de economía pero también de presencia militar. Estados Unidos, China y Rusia, antiguos conocidos, son los grandes protagonistas en todo sentido.

Si bien la prioridad de Estados Unidos es Medio Oriente, nunca se fue de África (pese a que acuse menos interés en la actual gestión Trump) y mantiene una férrea política de lucha contra el terrorismo a partir del 11 de septiembre de 2011. El país americano debe lidiar con el gigante chino, cuyos primeros pasos grandes comenzó a darlos desde 2000 y desde hace unos años es el principal socio comercial de África. Tan solo a Nigeria, el Exim Bank de China ha concedido 5.600 millones de euros desde 2002, en concepto de préstamos.

Rusia no se quiere quedar atrás, una vez retornada al relacionamiento con África desde la era Putin, a partir de 1999. En efecto, el término de la primera cumbre Rusia-África marca las ambiciones rusas y una política más afinada de acercamiento. Así fue que, a finales de octubre, se alcanzó el compromiso de aumentar el ascendente comercio bilateral (no obstante, ubicado debajo del chino o el de la Unión Europea), y propender al desarrollo de los países africanos mediante la firma de más de 500 acuerdos por unos 11. 200 millones de euros. Aspecto a destacar, Moscú condonó unos 18.000 millones a países africanos en concepto de deuda contraída durante el período soviético. En materia de suministro de armamento, Rusia es líder y, según datos del Kremlin, la venta continental ascendería a unos impresionantes 3.600 millones este año.

Otros países menos poderosos también quieren vincularse con África como India, Turquía, Japón, Vietnam y Brasil. Israel es un viejo conocido, otrora un vital apoyo del apartheid sudafricano, y hoy busca también una porción del pastel que significa África para estos múltiples poderes. Por su parte, las exmetrópolis del pasado, Gran Bretaña y Francia (en particular su Françafrique), siguen activas en el continente, y Alemania, luego de la re-unificación en 1990, ha vuelto a interesarse. Además de Israel, más países de Medio Oriente mantienen presencia militar en la región del Cuerno de África, como Arabia Saudita, Irán y Emiratos Árabes Unidos.

El continente africano vuelve a importar en la política internacional. Más de 320 embajadas o consulados se abrieron entre 2010 y 2016.

Omer Freixa es historiador africanista argentino. Docente e investigador de las Universidades de Buenos Aires y Nacional de Tres de Febrero.

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África no quiere ser la incubadora de la Nueva Guerra Fría

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Chaïbia Talal (Marruecos), Mon Village, Chtouka [Mi pueblo, Chtouka], 1990.

 

Queridos amigos y amigas,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

El 17 de octubre, el jefe del Comando de África de Estados Unidos (AFRICOM), el general del Cuerpo de Marines de Estados Unidos Michael Langley, visitó Marruecos. Langley se reunió con altos mandos militares marroquíes, entre ellos el Inspector General de las Fuerzas Armadas de Marruecos, Belkhir El Farouk. Desde 2004, el AFRICOM celebra su “mayor y más importante ejercicio anual”, African Lion, en parte en suelo marroquí. El pasado mes de junio, diez países participaron en el African Lion 2022, con observadores de Israel (por primera vez) y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

 

Salah Elmur (Sudán), The Green Room [La sala verde], 2019.

La visita de Langley forma parte de un avance más amplio de Estados Unidos en el continente africano, que documentamos en nuestro dossier no. 42 (julio de 2021), Defendiendo nuestra soberanía: bases militares estadounidenses en África y el futuro de la unidad africana, una publicación conjunta con The Socialist Movement of Ghana’s Research Group. En ese texto, señalamos que dos principios importantes del panafricanismo son la unidad política y la soberanía territorial, y sostuvimos que “La presencia constante de bases militares extranjeras no solo simboliza la falta de unidad y soberanía; también refuerza la fragmentación y subordinación de los gobiernos y pueblos del continente”. En agosto, la embajadora estadounidense ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield, viajó a Ghana, Uganda y Cabo Verde. “No pedimos a los africanos que elijan entre Estados Unidos y Rusia”, señaló antes de su visita, pero, añadió, “para mí, esa elección sería sencilla”. Sin embargo, esta elección está siendo impulsada por el Congreso de EE.UU. mientras delibera sobre la Ley para Contrarrestar Actividades Malignas de Rusia en África, un proyecto de ley que sancionaría a los Estados africanos si hacen negocios con Rusia (y podría extenderse a China en el futuro).

Para entender esta situación, nuestros amigos y amigas de No Cold War han preparado su Boletín nº 5, La OTAN reclama a África como su «vecindario del sur”, que analiza cómo la OTAN ha comenzado a desarrollar una visión propia de África y cómo el gobierno de Estados Unidos considera al continente africano como una primera línea en su Doctrina Monroe Global. El informe completo puede leerse a continuación y descargarse aquí:

 

 

En agosto de 2022, Estados Unidos publicó una nueva estrategia de política exterior dirigida a África. El documento, de 17 páginas, incluía un total de 10 menciones a China y Rusia, incluyendo el compromiso de “contrarrestar las actividades perjudiciales de la [República Popular China], Rusia y otros actores extranjeros” en el continente, pero no mencionaba ni una sola vez el término “soberanía”. Aunque el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, ha declarado que Washington “no dictará las decisiones de África”, los gobiernos africanos han denunciado que se enfrentan a la “intimidación condescendiente” de los Estados miembros de la OTAN para que se pongan de su parte en la guerra de Ucrania. A medida que aumentan las tensiones mundiales, EE. UU. y sus aliados han señalado que ven el continente como un campo de batalla para librar su Nueva Guerra Fría contra China y Rusia.

 

Richard Mudariki (Zimbabue), The Passover [La Pascua judía], 2011.

¿Una nueva Doctrina Monroe?

En su cumbre anual de junio, la OTAN denominó a África, junto con Medio Oriente, como el “vecindario al sur de la OTAN”. Además, el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, se refirió ominosamente a la “creciente influencia de Rusia y China en nuestra vecindad meridional” como una “amenaza”. Al mes siguiente, el comandante saliente del AFRICOM, el general Stephen J Townsend, se refirió a África como “el flanco sur de la OTAN”. Estos comentarios recuerdan de forma inquietante a la actitud neocolonial propugnada por la Doctrina Monroe de 1823, en la que Estados Unidos calificaba a América Latina como su “patio trasero”.

Esta visión paternalista de África parece estar muy extendida en Washington. En abril, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó por abrumadora mayoría la Ley para Contrarrestar las Actividades de Influencia Rusa Maligna en África por una votación de 415 a 9. El proyecto de ley, que pretende castigar a los gobiernos africanos por no alinearse con la política exterior de Estados Unidos respecto a Rusia, ha sido ampliamente condenado en todo el continente por no respetar la soberanía de las naciones africanas, y la ministra de Asuntos Exteriores de Sudáfrica, Naledi Pandor, lo calificó de “absolutamente lamentable”.

Los esfuerzos de EE.UU. y los países occidentales por atraer a África a sus conflictos geopolíticos despiertan serias preocupaciones: ¿utilizarán EE.UU. y la OTAN su vasta presencia militar en el continente para lograr sus objetivos?

 

Amani Bodo (RDC), Masque à gaz [Máscara de gas], 2020.

AFRICOM: Protegiendo la hegemonía de EE. UU. y la OTAN

En 2007, Estados Unidos creó su Comando de África (AFRICOM) “en respuesta a nuestras crecientes asociaciones e intereses en África”. En solo 15 años, el AFRICOM ha establecido al menos 29 bases militares en el continente como parte de una extensa red que incluye más de 60 puestos de avanzada y puntos de acceso en al menos 34 países, más del 60% de las naciones del continente.

A pesar de la retórica de Washington de promover la democracia y los derechos humanos en África, en realidad, el AFRICOM pretende asegurar la hegemonía estadounidense en el continente. Los objetivos declarados del AFRICOM incluyen “proteger los intereses estadounidenses» y «mantener la superioridad sobre los competidores” en África. De hecho, la creación del AFRICOM estuvo motivada por las preocupaciones de “aquellos alarmados por la creciente presencia e influencia de China en la región”.

Desde el principio, la OTAN participó en el proyecto, con la propuesta original presentada por el entonces Comandante Supremo Aliado de la OTAN, James L Jones, Jr. El AFRICOM realiza anualmente ejercicios de entrenamiento destinados a mejorar la “interoperabilidad” entre los ejércitos africanos y las “fuerzas de operaciones especiales de EE. UU. y la OTAN”.

La naturaleza destructiva de la presencia militar de Estados Unidos y la OTAN en África quedó ejemplificada en 2011, cuando —ignorando la oposición de la Unión Africana— Estados Unidos y la OTAN lanzaron su catastrófica intervención militar en Libia para derrocar al gobierno de Muamar Gadafi. Esta guerra de cambio de régimen destruyó el país, que anteriormente había obtenido la mejor puntuación entre las naciones africanas en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU. Más de una década después, los principales logros de la intervención en Libia han sido el regreso del mercado de personas esclavizadas al país, la entrada de miles de combatientes extranjeros y una violencia interminable.

En el futuro, ¿invocarán Estados Unidos y la OTAN la “influencia maligna” de China y Rusia como justificación para intervenciones militares y de cambio de régimen en África?

 

Zemba Luzamba (RDC), Parlementaires debout [Parlamentarios de pie], 2019.

África rechaza la Nueva Guerra Fría

En la Asamblea General de la ONU de este año, la Unión Africana rechazó firmemente los esfuerzos coercitivos de Estados Unidos y los países occidentales para utilizar el continente como peón en su agenda geopolítica. “África ya ha sufrido bastante el peso de la historia. (…) No quiere ser la incubadora de una nueva Guerra Fría, sino un polo de estabilidad y de oportunidades abierto a todos sus socios, sobre una base de beneficio mutuo”, declaró el presidente de la Unión Africana y presidente de Senegal, Macky Sall. De hecho, el afán de guerra no ofrece nada a los pueblos de África en su búsqueda de la paz, la adaptación al cambio climático y el desarrollo.

 

«Europe is a garden. The rest of the world is a jungle. And the jungle could invade the garden.»

«Europeans have to be much more engaged with the rest of the world. Otherwise, the rest of the world will invade us.»

– Shocking comments from EU foreign policy head @JosepBorrellF pic.twitter.com/eFbbb9LxGl

— No Cold War (@NoColdWar) October 15, 2022

 

En la inauguración de la Academia Diplomática Europea el 13 de octubre, el jefe de la diplomacia de la Unión Europea, Josep Borrell, dijo: “Europa es un jardín (…) El resto del mundo (…) es una jungla, y la jungla podría invadir el jardín”. Como si la metáfora no fuera suficientemente clara, añadió: “Los europeos tienen que comprometerse mucho más con el resto del mundo. Si no, el resto del mundo nos invadirá”. Los comentarios racistas de Borrell fueron ridiculizados en las redes sociales y destrozados en el Parlamento Europeo por Marc Botenga, del Partido de los Trabajadores belga, y una petición del Movimiento Democracia en Europa (DiEM25) pidiendo la dimisión de Borrell ha recibido más de 10.000 firmas. La falta de conocimiento histórico de Borrell es notable: son Europa y Norteamérica las que siguen invadiendo el continente africano, y son esas invasiones militares y económicas las que producen la migración de los pueblos africanos. Como dijo el Presidente Sall, África no quiere ser “la incubadora de una nueva Guerra Fría”, sino un lugar soberano y digno.

Cordialmente,

Vijay

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At the well of the abyss. Enemies of Our Lord read online Alexander Afanasiev (Page 8)

All these thoughts flashed through the head of the head of the fourth department of the RSHA, Lieutenant General of the Police Forces Manfred Irlmeier, when his service Horch turned off the Altmannstrabe [In our world — Stauffenbergstrabe, in this world is named after one of the General Reich Commissioners for African Territories. ] on the Tiergartenstrabe and almost collided with a Chevrolet Caprice Brogem famously turning the corner with Berlin numbers. An angular, not inferior in size to the «Horch» sedan with tinted windows famously swept past, giving a long welcome horn. nine0003

— Idiot! Curt cursed viciously, a former Pfadfinder gunner who was badly wounded in Africa and is now the driver and bodyguard of the head of the fourth department of the RSHA. Kurt had already had a hard time in Berlin and so he decided to apologize: “I beg your pardon, Herr Lieutenant General…”

“Nothing, Kurt,” Irlmeier said thoughtfully, “they really are idiots.

He knew each of their cars, he even remembered their license plates, just in case. A CIA station chief named Jack Anderson drove a Mercury Grand Marquis, black and armored, and the station also had several of these Chevy tank sedans, cheaper but no smaller. In addition to the fact that it was very inconvenient to squeeze through Berlin traffic jams and park on Berlin streets in such tank sedans, these vehicles made all such activities of the North Americans meaningless. No, they, of course, rented cars … and each rental owner, having handed over the car to the North Americans, went to the phone and dialed the number of the Gestapo. But even now … if not for this car and not for the idiot behind the wheel, he would hardly have known that the Colonel General of the police forces and the General Director of the RSHA, Dr. Elih, is receiving North Americans, and not in his office, but where he receives the most trusted people. Interesting to know why…

During the time Lieutenant General of the Police Forces Dr. Irlmeier was in Berlin as head of the Gestapo’s Fourth Directorate, he, too,… got in trouble. A non-marking mixed fabric suit that was easy to wash and tidy up after walking through the ubiquitous African red dust, was replaced by a dark gray plain suit from Lubitsch’s atelier, one of the best tailors in Berlin. The short «army» hairstyle was replaced by an elegant haircut from KAMEE, however, there was much more gray in his hair now than before. He no longer carried a pistol with him — the one assigned to him by official position was almost always in a safe in his office. He bought himself a small house on the outskirts of Spandau, completely dealt with his not entirely successful marriage … or rather, completely unsuccessful. He visited fashionable Berlin salons and even got himself a woman. Her name was Katarina, she was twenty-nine years old, she was attractive, had a surname with the prefix «fon» and could not find a suitable match for herself — because of the very bad reputation of her father. But Dr. Earlmyer didn’t give a damn about his reputation, because he didn’t have a good reputation either. nine0003

He now had few security guards, only Kurt, who combined the positions of both the driver and the bodyguard. Work became much more — he often returned home after midnight. Katharina did not like it, but she endured it, and he rewarded her with rags, jewelry, infrequent male attention and Sunday trips to Lake Bodensee, where they were like a married couple. Such an ersatz of the family — both for him and for her …

Kurt parked the car at the entrance to the park. He knew that to walk along this path — and there will be a lake …

Kurt opened the door, looking around sharply, and Dr. Earlmyer got out of the car. There was nothing to be afraid of…probably. From all sides there were agents of his fourth abstract of the fourth department — the Gestapo. The personal guard of Colonel-General Elich consisted of twelve Gestapo agents on duty only, they were given five cars, not counting the car of Dr. Elich himself. Dr. Elih was a detective of the old school, at one time he fought with anarchists, with communists, with the P2 lodge, he also worked in intelligence — and since then he was very afraid of assassination attempts. According to the head of the Gestapo, it was time for Elich to retire. But that was just his personal opinion, which he kept to himself…

Police Colonel-General Dr. Elih was sitting on the shore of a fished lake in the Tiergarten Park and holding an old, still wooden fishing rod. As a seat, he used a fisherman’s box, which the Russians sold here — a convenient thing, especially for the Russians themselves, they fish from the ice in winter. A heavy, long and warm fishing cloak was thrown over Elikh’s not too neat suit, and he himself, in this cloak and on a Russian fish box, looked like an old and mangy crow, sitting on a branch to rest. nine0003

Approaching his boss, Irlmyer reminded himself not to underestimate him. This old raven will eat you to the giblets and not choke. Elich was against the resignation of Kriegmyer and the appointment of Earlmyer — and the colonel general was not one of those who forgive or forget something.

“Herr General Manager…” Irlmyer said in a low voice.

“Good afternoon, Herr Irlmayer,” said Colonel-General Elich in a low voice, “I’m afraid you’ll have to stand for a while—I don’t have a guest chair here, hehe…

Elich’s laughter also resembled the caw of an old raven.

— After Africa, my legs are used and not like this, Herr General Manager.

“Africa…” Elih said in a vague tone. — How are we doing there?

— My best employees are in charge of Africa, Herr General Manager. We control both legal and illegal channels.

— That’s good…

Elih put the rod on the ground. He got up and stretched to stretch his old bones.

— Von Dahlwitz reported that he, too, had almost everything ready. Little things remained … little things, which, however, can ruin everything. We must do our best…

Doctor of political science Felix von Dahlwitz was now the head of the sixth department of the RSHA — foreign intelligence. He had a bad relationship with Earlmyer, and it was foolish to expect otherwise. Intelligence and counterintelligence live like a cat with a dog.

— Anderson just came…

Earlmyer was silent.

— He is looking for an excuse to change the flag.

Irlmyer was surprised — he would have believed it if one of the ordinary employees, but a resident …

— Is that so?

— What do you think about it? — the general director of the RSHA answered the question with a question. nine0003

— That this is some kind of provocation. It’s hard to expect this from Anderson…

The general director was looking somewhere into the sky.

— They always betray their own, you should remember that, Herr Irlmayer. I’ll give it to you to work on, but not now. We are in a period of flirting.

Earlmyer nodded in understanding. According to unwritten rules, if an enemy scout, especially of such a high rank, expresses a desire to change sides, he is worked out by the officer to whom he applied. What motivates a defector, even Dr. Sigmund Freud will not tell you. And if a potential defector turned to someone specifically, it is this officer who works him out. Except in cases where such a contactee clearly lacks qualifications. This is both a form of respect for the defector and a measure to ensure that the potential defector is not frightened and does not break contact. You never know why he trusts a person, if he trusts, then so be it. nine0003

“Herr Colonel General,” Irlmyer said, as if diving into an ice hole, “I ask you for permission to personally go to Italy!

The General Director of the RSHA shrugged:

— What happened?

— The activity of Russian intelligence, which goes beyond the usual, has been noted. An experienced person arrived in Italy, a master in such matters.

— Who?

— Admiral of the Russian Service Count Vorontsov.

The General Director of the RSHA shook his head:

— Why would you personally go? Send someone else… the same Seidler. He will do just fine. Your task, Earlmyer, as the head of the fourth department is to coordinate the work of others, and not to do everything yourself. It’s the boss’s job, Earlmyer. nine0003

“Herr Colonel General,” Irlmyer did not retreat, “you need to personally control the process. Things are going great in Italy right now, but we have to finish the game. I thought that we have at least another year, but it is not. There is no time at all. The Russians know something. We already had one puncture, which it cost us an extreme effort of forces and means to eliminate.

— Perhaps they are just suspecting. Or even check us for germination — who wins?

— Herr Colonel General, given the exceptional importance of our plan for the future of the Reich — I must personally check all parts of the plan and determine how ready we are.

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